Artillería pesada en la cama | Historias de Sexo por Zazasex

Nov 18 • Destacado, Portada, zazasex • 1412 Views • No hay comentarios en Artillería pesada en la cama | Historias de Sexo por Zazasex

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Desde que tuvo poder sobre su cuerpo y conciencia sobre el placer no dudó en buscarlo en cada esquina. Ella es una loca peligrosa, armada hasta los dientes de herramientas para generar placer. ¿Sex toys? Si tuviera tiempo hasta los fabricaría ella misma.

– ¿Te gustan los juguetes?

– ¿Qué tipo de juguetes?

– ¿No quieres jugar conmigo?

– No… ya te dije que voy en serio. Deja la paranoia- ella se ríe.

– No seas ridículo, que si quieres jugar con mi cuerpo -él la mira incrédulo y con algo de miedo.

En esas, ella se levanta, abre un cajón de tamaño importante y empieza a revolver cosas adentro. Por fin saca un starters kit para no asustarlo tanto. Un poco de aceite, de lubricantes de diferentes tipos, unas esposas y un dildo más bien pequeño para cuidarle el ego. Explaya los elementos encima de la cama y con picardía le pregunta:

– ¿Jugamos?

hot_couples_-_1024x768_-_wallpapers_-_aman15-8_a_30 Hay pocas cosas más importantes que conocer su propio cuerpo. Saber qué le da placer a la mente y el cuerpo genera muchas posibilidades para vivir el placer. Sonará hedonista, pero es sólo a ese que se niega a probar un plato que nunca ha comido antes el que puede tenerle miedo a un poco de cambio positivo. ¿Cómo saber que algo no nos gusta del todo sino le damos el chance a ver qué se siente? Ella no es así, todo lo contrario.

Sara cree con firmeza en que hay que vivir la sexualidad al máximo, y si existen herramientas que ayuden a intensificar la relación y las sensaciones que se producen dentro de ella, ¿por qué no usarlas? Es como quién se niega a leer uno de esos libros Para Dummies. ¡Acéptenlo que por lo menos han abierto uno esperando en fila en un supermercado!

En su experiencia, la mayoría de hombres y mujeres que pasaron por su cama eran recatados, convencionales, poco curiosos y hasta intrascendentes. ¡Un 69 era la locura! Pero su historial pornográfico le había mostrado que estaba lejos de serlo. Incluso su propia imaginación. Más de una vez había tratado de convencer a un hombre de que la sometiera. O que se dejara someter, daba igual. Pero todos huían con la sola mención del látigo y la alusión al bondage. “¿Estás loca?” era la más normal de las preguntas mata sexo. Después de eso, a Sara ya no le provocaba nada. ¿Es que se tenía que ir a vivir a Francia para poder encontrarse con alguien igual de curioso que ella? Puro Davivienda: estás en lugar equivocado.

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Pero si tan sólo un hombre o una mujer se atrevieran a darle la oportunidad de que ella les enseñase. O si tan sólo ella se encontrara con alguien que quisiera enseñarle a ella. ¡Uff! Sería feliz. Libre, perdida en el placer compartido con la pareja. Podría sacar el arsenal que había amasado con el pasar de los años y compartir sus fantasías y darle rienda suelta a la imaginación. Todo se trata de gozar, después de todo.

Sara, convencida de que en la diversidad está el placer, no encontraba nadie que compartiera esa forma de ver la vida… por lo menos no de un rango de edad aceptable. Los únicos que parecían coincidir con ella le llevaban más de 40 años y eso hacía que todo fuera un poco tenebroso. Y tampoco le daba tanta la curiosidad como para enfrentarse al futuro… mejor seguir comiendo presente que ya tendría tiempo para lo otro. ¡No estaba tan desesperada para irse al mercado del doblemente usado!

Y como Sara conocía su cuerpo mejor que nadie, ella sabía que ningún hombre la podría complacer como ella lo sabía hacer. Pero seamos realistas, jugar solitario también cansa. ¡Todo en la vida aburre si se hace siempre! La rutina consume, y ella quería compartir su experticia con alguien más. ¿Por qué se intimidaban los hombres? Nunca lo podría entender. El rollo es que ella no hallaba como explicarle a los demás que el hecho de que hubiera juguetes en la cama no significaba que de repente la relación se convertía en un trío-u orgía en su defecto- sino en apoyos recreativos, herramientas de apoyo para intensificar una sensación. Sara jamás cambiaría un hombre o una mujer por un juguete. La primera posibilidad tenía siempre el factor sorpresa, el aroma, el calor, la vida propia que no tendría nunca el segundo.

Su sensación siempre era la misma: el hombre se encogía ante la posibilidad de una adición nueva a la familia. Con muy pocos se había sentido lo suficientemente cómoda como para usar los juguetes sin tapujos. ¿De qué tipo se podrán preguntar? Y ellas los tiene todos. Incluso para hombres, porque, por si no lo sabían, Sara cree que los hombres también tienen derecho a que jueguen con ellos. Ya ven a Sara le gusta jugar. Tiene una niña interior increíble que no se cansa de experimentar, crear historias, preguntar, hacer, tocar… ¡hay que mantener al niño interior vivito!

Tampoco le tiene miedo a entrar a un sex shop sola. Ni de agarrar a preguntas al encargado sobre lo último en juguetes y tendencias. Ya ella sabe qué le gusta, por dónde y cómo. Pero nunca está de más escuchar al otro y dejarse enseñar… No le quedaba más que seguir intentando, y porque no, tantear hasta encontrar uno que tenga su propio arsenal. En su país, con la doble moral, y sin tapujos sobre lo que la ayuda a vivir la vida con felicidad.

Y tú, ¿crees en la artillería pesada en la cama?

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